Toda historia pasa por la Escarlata. Toda historia sucede con sangre. Cualquiera puede caminar por aquí, pero hay unos pocos que conforman las calles por las que la masa camina. Aquéllos que han logrado un hueco en esta Ciudad, han logrado un hueco sempiterno en quienes la imaginaron.
Y todos los que quedaron por el camino, todos cuyo final no está escrito o cuyo comienzo no pasó por la Escarlata… Todos los que buscaron dónde encajar, a qué lugar sumarse, sin respuesta… Todos los que pasaron, por aire, tierra o agua, por la Ciudad y la dejaron atrás —y algunos de quienes la dejaron de lado— reposan en el Camino de los Solitarios: una larga calle cuyas farolas alumbran blancas el asfalto y las aceras, que no tiene casas, puertas ni más caminos que los que guardan a los muertos o que llevan a ellos.
¿Y no es, o ha sido o será, cada una de las partes de esta Ciudad parte del Camino?
La memoria de quienes formaron las calles murió, o morirá, tarde o temprano. Algún día, el ángel será polvo, no quedará una hebra de vida en el jardín o en la plaza, el bosque estará marchito. El Camino de los Solitarios se irá con ellos.
Camina, hasta entonces. Y cuando llegues al final… sigue dibujando la calle.
9 de abril de 2011
ya son de este año!
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