Unos ojos, una sonrisa... y de paso una copa.
Realmente vengo sólo para verlo. Mientras a mi lado se sientan ilustres personajes y famosos periodistas y actores para preguntarme qué tal me va y cómo me llamo -en ese orden-, yo miro alrededor buscando esa mirada, esa mueca entre alegre y triste que tanto me intriga.
Sábado, dos y media de la madrugada. Debería de estar ya por aquí.
-¿Qué tal te va, guapetona?
Otro salido, uno de tantos en esta ciudad. Ni siquiera recuerda que anoche le mandé al Maroon River a buscar mejillones... Ellos lo intentan y, si ven que no van a conseguir nada de lo que buscan, entonces se van. Sólo si se les olvida, y en este lugar el olvido va de la mano de la cuenta, vuelven a intentarlo.
-¿Cómo te llamas? -insiste.
Simplemente su mirada. Sólo quiero ver sus ojos y, entonces, podré dormir esta noche sin pensar en el trabajo.
-¿Sabes? Eres la segunda golfa que me ignora esta noche... -dice el cabronazo, cogiendo su copa y marchándose en busca de un pedazo de carne que, a diferencia de mí, esté dispuesto a satisfacer sus deseos.
Se abre la puerta del bar. Entra otro guaperas con la camiseta ajustada y los tres botones superiores abiertos.
Los neones rosas y azules me recuerdan dónde estoy: bar Deph E·Lipe. Estoy sola en el bar más atestado de Maroon, en la calle más abarrotada de Maroon, en el distrito más vivo de Maroon.
-¿Qué tal te va todo, guapa?
Es tan... extraño. Él... Él siempre estaba aquí a esta hora y, sin embargo, hoy no lo veo por ningún lado. Sus ojos... su sonrisilla...
-¿Cómo te llamas? -insiste.
-Madeline.
-Hola, Madeline. ¿Cuánto cobras?
-Doscientos dólares la hora.
-Muy bien, Madeline... ¿Adónde vamos?
Lo cojo de la mano y lo llevo fuera del bar, sabiendo que esta noche no podré dormir. Esta noche no lograré evitarlo.
¿28 de abril de 2008?
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