No habrán pasado ni diez minutos desde que dejé el Libro sobre la mesa... Es curiosa la forma que tiene el presente de darnos bofetadas en las que, de cualquier otro modo, no hubiéramos reparado.
¿Crees en los milagros? Yo no.
La mente juega al mismo juego que nosotros pero con cartas que nunca hemos visto. Recordamos los momentos puntuales que nos son desfavorables más aún que un continuo de momentos repetitivamente favorables, llegando a la conclusión de que "siempre todo nos sale mal".
"Animales pensantes", decían los griegos. "Animales políticos", decía Aristóteles. "Animales", decía Skinner. Lo que es cierto es que el hombre es un animal de costumbres, ya sea pensar -cada vez menos acostumbrado-, socializarse o, simplemente, dejarse llevar por los estímulos. A raíz de esto, cuando se rompe esta costumbre tendemos a explicar el suceso racionalmente cuando puede ser simplemente cuestión del azar, de la estadística o de cualquier otra cosa no controlable. Si es algo malo en un continuo de cosas buenas, entonces recordaremos lo malo con mayor facilidad. "Siempre llega tarde", oía decir a una mujer en el Metro. Lo que ocurre es que, cuando llega a su hora, no te paras a pensarlo, mujer, ni mucho menos exclamas quejicosamente: "Siempre llega a su hora".
¿A qué venía todo esto? Sí, esto ocurre cuando el suceso inesperado es malo, pero ¿y si es bueno, es más, extremadamente bueno? Milagro. Curiosa palabra. No creo en los milagros.
Creo que en ocasiones ocurren cosas completamente inesperadas que parecen una señal del cielo, pero que responden a una lógica completamente... lógica. ¿Acaso estaría teniendo este monólogo interior si no hubiera cerrado hace unos minutos el Libro? ¿Acaso me hubiera sentido curiosamente agredido por las placas de las calles por las que paso, que no son más que las que veo todos los días? Pero hoy pasa algo distinto, claro. Hoy adquieren un nuevo significado, pese a que todos los días que he pasado a su lado no han sido más que un pedazo de metal.
Milagros, bofetadas... ¿casualidades? "Tampoco creo en las casualidades", podría decir, cayendo de nuevo en el tópico, cayendo de nuevo en el error de repetir palabras de otras personas sin pensar en lo que significan. ¿Nos asusta la libertad? ¿Existe la libertad? ¿Existe la verdad y la mentira? Y sólo somos capaces de repetir palabras...
"Animales repetitivos", podría decir si acaso no estuviera envuelto dicho matiz en la misma afirmación de que somos "animales de costumbres". ¿Qué ves en el espejo? ¿Eres tú? De seguro que este pensamiento tendría menos trascendencia en mi presente si no estuviera pasando por esta calle. Trascendencia... no voy a pasar por la tuya. Y, con respecto a ti, René, lo único de lo que estoy seguro cuando me miro al espejo es de que estoy la mitad de lejos. Hablo solo como si acaso tuviera compañía. ¿La tengo, Friederich? Si hasta la soledad puede acompañarte...
"Animales", sin duda.
Lo mejor del Libro es que llama cabras a los cabrones.
8 de noviembre de 2008
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