Los números. Prejuicios. Idealismos. Locos y extremistas. Radicales y enajenados.
La humanidad siempre ha buscado un algo más en ellos, los hombres han tratado de ver en ellos algo más de lo que realmente hay. Y es que, al fin y al cabo, los números también son creación nuestra, y no hay en ellos más que lo que nosotros mismos queramos poner. Esenciales, sin duda, al menos en la civilización a la que pertenece esta ciudad, este Estado, este país...
Esenciales son el número 1 (ninguno mejor para expresar el sentimiento de superioridad de nuestra nación), el 3 (nadie sabe cómo, pero todo acaba tripartiéndose: el fin de la Scarlet Main St., los poderes, las trinidades), el 6 (Satanás y su tropa), el 7 (Dios y sus huestes), el 10 (el grado máximo de la grandeza, el espíritu de la nación, la cumbre, el cenit, el apogeo), el 50 (un número mágico, nuestros Estados... entre ellos nuestro favorito: Michigan -pero no lo digas más allá del territorio estatal, nunca jamás en Indiana o en Ohio) y el 100 (qué decir del 100... otro maravilloso invento con una connotación de grandísima grandeza).
En cambio, parece que en esta Ciudad el número mágico es el 2, pero lo mejor de todo es que nadie se da cuenta, y nadie lo hará si acaso quiere seguir viviendo su propio sueño americano, aunque sea una pesadilla. Ricos al sur y pobres al norte -rompiendo con la clásica distribución de las riquezas, aunque en tan reducido territorio no podemos decir que sea la excepción de la norma-, separados por un río que parece fluir con más tranquilidad en el Otherside; y hasta la zona pobre, o menos rica, está jerarquizada, esta vez sí que en el orden común de las cosas: cuanto más al norte, mejor -prueba de esto es el Port's District y su clasista división-. Pero, más allá del simple interés monetario, del nivel económico, del grado de riqueza de cualquiera de los dos lados, permanece bajo la Diagonal una división mística, casi metafísica, un dualismo ontológico al más puro estilo de Nuestro Señor Platón. ¿Queréis acercaros? Pues tened cuidado de a cuál lo hacéis. Mirad vuestros relojes, pensad en qué escogéis. Sabéis que nadie en su sano juicio cruza el Wolf's Mouth. Escoged el Boss' Road, como todo ser con un ápice de raciocinio. Quizá seáis tan prejuciosos como los números.
Esta Ciudad es así. Escoger el camino equivocado de vuelta a casa puede costarte la vida. ¿Damos un paseo?
19 de junio de 2008
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